¿Por qué atrapar-castrar-retornar?
Una amante de los gatos, al inicio no muy convencida, cuenta cómo encontró la motivación para ayudar a los gatos de su comunidad
This article was originally published in English.
"¿Usted es la señora de los gatos?"
Así es como me saludan personas desconocidas. Me han visto conduciendo por su calle, con trampas para gatos y cajas de comida enlatada apiladas en la parte trasera de mi Subaru. Me han visto caminando a horas poco habituales y han oído hablar de mí por sus vecinos. Después de casi 25 años inmersa en programas de atrapar-castrar-regresar, me he resignado a mi identidad como la “señora de los gatos”.
Antes me resistía a esa idea. “No, yo promuevo la esterilización/castración”, decía. "Y, además, siempre he sido más aficionada a los perros".
Todos queremos que nos vean como realmente somos, y la “señora de los gatos” nunca se ajustó con la imagen que yo tenía de mí misma: una persona compasiva y práctica que realiza un importante servicio comunitario. Dejando a un lado el ego, quiero que la gente vea la actividad de atrapar-castrar-regresar como yo la veo: no como un lindo pasatiempo o una extraña obsesión, sino como una solución lógica que beneficia tanto a las personas como a los animales.
Mi trabajo de voluntaria con animales empezó a mediados de los años 90, cuando comencé a ayudar en un refugio rural del condado que recibía exclusivamente perros y que tenía pocos recursos y una enorme carga de trabajo. Pasaba la mayor parte de mi tiempo libre cuidando perros en acogida temporal, transportando cachorros a jornadas de adopción y buscando desesperadamente hogares para aquellos que encabezaban la lista semanal de eutanasia. Era un trabajo valioso, pero me estaba desgastando tratando de salvar a unos cuantos animales aquí y allá. Yo quería abordar las causas de fondo de la sobrepoblación animal.
La actividad de atrapar-castrar-regresar me proporcionó el camino para hacer justamente eso.
Esto no significa que paso cada semana flotando en una nube de satisfacción por lo logrado. Atrapar gatos, trabajar con cuidadores y buscar soluciones a situaciones problemáticas es un trabajo duro y los beneficios son variables. Algunos fines de semana logro que se esterilicen una docena o más de gatos; otras veces, paso innumerables horas de frustración tratando de atrapar a ese felino elusivo en una colonia.
Esas son las veces que me digo a mí misma palabras de ánimo y recito mentalmente los motivos por los que hago este trabajo.
“Hace poco atrapé a 11 gatos cuyos cuidadores habían regalado 72 gatitos en los últimos años. ... Dedicar un fin de semana a atrapar a 11 gatos es una pequeña inversión de tiempo y dinero para evitar que nazcan otros 72 gatitos que tendrían que competir en un mercado ya saturado de hogares disponibles”.
Manejo de la población. Esta razón parece obvia, pero estar en el campo y hablar con las personas cuidadoras, hace que se vuelva muy real. Hace poco atrapé a 11 gatos cuyos cuidadores habían regalado 72 gatitos en los últimos años. Es un escenario común, y siempre pienso en mis amigos rescatistas que invierten mucho tiempo, esfuerzo y energía emocional en cuidar gatos y gatitos en acogida temporal, ayudarlos a recuperar su salud y encontrarles un hogar. Escucho sobre las visitas a medianoche al veterinario de emergencias, la angustia cuando un gatito no sobrevive, la presión constante para encontrar adoptantes y hacer espacio para otro animal más que necesita ayuda. Dedicar un fin de semana a atrapar a 11 gatos es una pequeña inversión de tiempo y dinero para evitar que nazcan otros 72 gatitos que tendrían que competir en un mercado ya saturado de hogares disponibles.
Apoyo al refugio. Cuando comencé a realizar la actividad de atrapar-castrar-regresar, el refugio de animales de mi ciudad tenía cierta reputación. El personal era áspero en el trato y la rotación era alta. No fue difícil ver por qué. Mientras luchaban por encontrar hogares para los perros y gatos adoptables bajo su cuidado, el refugio funcionaba en gran medida como un servicio de control de población de miles de gatos ferales y sus gatitos cada año que la comunidad consideraba un problema. Llegaban en trampas, transportadoras y jaulas oxidadas para perros y pasaban directamente a la sala de eutanasia. Y el día siguiente la situación era exactamente la misma, porque nadie estaba atendiendo el origen del problema.
Los refugios han avanzado mucho desde entonces, pero los gatos y los gatitos recién nacidos de la comunidad siguen estando entre los mayores desafíos actuales. Si queremos que nuestros refugios cuenten con personas positivas y compasivas, necesitamos reducir al mínimo el estrés emocional de su trabajo, y eso incluye evitarles la experiencia difícil y desmoralizadora de tener que poner fin a la vida de animales que de otro modo estarían sanos.
Conservando recursos. Pat entró en mi radar el año pasado después de que trajo al refugio varias camadas y gatos adolescentes no socializados. Me enteré de que, si bien había regalado “cientos de gatitos” a lo largo de los años, Pat finalmente había agotado sus contactos y empezó a entregar gastos en refugios como una forma de gestionar el tamaño de sus colonias.
A mí y a otros dos voluntarios nos llevó varios fines de semana atrapar y esterilizar a los 53 gatos comunitarios que vivían en su patio trasero. La factura de la clínica fue de casi $3,000, un costo significativo para la organización de rescate con la que colaboro como voluntaria. Pero, en realidad, fue una verdadera ganga cuando recuerdo que una sola camada de cuatro gatitos con neumonía le costó al grupo una cantidad igual en facturas veterinarias.
Conclusión: Se estima que el 75% de los gatos y gatitos entregados a los refugios son gatos comunitarios o sus crías. Los gatitos, en particular, requieren mucho tiempo y recursos, y su atención es especialmente costosa. Esto representa una enorme carga para los recursos locales de bienestar animal y deja menos dinero y tiempo para programas de apoyo a familias con animales de compañía, enriquecimiento en refugios, rehabilitación para animales con necesidades médicas o de comportamiento, entre otros.
Reducir el sufrimiento invisible. Las cifras de refugio son apenas la punta del iceberg del problema. A principios del año pasado, estaba recorriendo un vecindario cuando conocí a Sandy, quien llevaba más de una década alimentando gatos detrás de su casa. Sandy me dijo que nunca se había preocupado por esterilizarlos porque, hasta el verano anterior, todos los gatitos morían y el número de gatos se mantenía más o menos estable.
Es una historia que escucho a menudo. La mayoría de los gatitos que nacen en la calle no sobreviven hasta la edad adulta. Eso implica mucho sufrimiento y es completamente prevenible. Los 14 gatos de Sandy ya están esterilizados y me da tranquilidad saber que ya no están muriendo gatitos en su patio trasero.
Ayudar a las personas. Muchas personas empiezan a alimentar a gatos que viven en el exterior porque no soportan la idea de que un animal pase hambre (¡y las entiendo perfectamente!). Pero luego nacen nuevas camadas y se encuentran en una situación en la que su buena intención termina trayéndoles problemas. Algunas personas cuidadoras están al límite de la cantidad de gatos que pueden alimentar. Otras sufren al ver la situación de los gatitos o las heridas frecuentes que padecen los machos no esterilizados que pelean por aparearse. Algunas están en problemas con sus vecinos o con la asociación de propietarios de su comunidad. Se preocupan por los gatos y quieren esterilizarlos; solo necesitan ayuda.
Me gusta ayudar a otras personas que también aman a los animales, como Brian y Chelsea, quienes me contactaron el año pasado preocupados por una colonia de gatos que sus vecinos estaban alimentando. Durante el verano, la pareja logró capturar a 15 gatitos del grupo, socializarlos y encontrarles un hogar. Fue una tarea difícil y costosa (incluyó una mordida y dos visitas al veterinario de emergencias), y estaban desesperados por que no se repitiera. La gente ya tiene muchas presiones en sus vidas; yo puedo ayudar a quitarles una de encima. Y soy testigo del enorme alivio que sienten cuando los gatos están vacunados y ya no siguen teniendo camadas.
Encontrar un propósito en un campo abrumador. Cuando era adolescente y visitaba el refugio de animales, decía lo mismo que oigo decir a mucha gente: “Ojalá pudiera llevármelos a todos.”
Bueno, no puedo y nunca podré. Ni aunque me ganara la lotería. Ni aunque pudiera comprar una finca de 400 acres. Cuando cumplí los 20 y comencé a trabajar como voluntaria en un refugio, la fantasía se convirtió en "Ojalá pudiera esterilizarlos a todos". Y si pudiera retroceder en el tiempo y obligar a mi cerebro a absorber algo de ciencia, iría a la escuela de veterinaria y luego pasaría el resto de mi vida esterilizando animales y pagando préstamos estudiantiles. Ese no es el camino que seguí, así que hacer el trabajo de campo que permite llevar a los animales a la clínica de esterilización/castración se siente como la mejor opción posible.
Capturar gatos solo requiere tiempo, paciencia y algunas habilidades básicas para tratar con personas. En otras palabras, casi cualquiera puede hacerlo. Incluso con un trabajo de tiempo completo. Incluso viviendo en una casa pequeña de dos habitaciones con una pareja que ama a los animales, pero también tiene sus límites. En un año promedio, puedo aplicar la captura, esterilización y retorno a unos 200 gatos, mejorando enormemente su salud, seguridad y calidad de vida y haciendo mi parte para garantizar que menos gatos y gatitos necesiten ser rescatados en el futuro.
Con los años, la actividad de atrapar-castrar-regresar se ha ido integrando a mi estilo de vida. Probablemente nunca tendré un automóvil que no huela a orina de gato o un garaje que no funcione como depósito de equipos de captura. Probablemente nunca podré conducir por un vecindario sin buscar señales de una colonia de gatos que necesite mi ayuda.
Dentro de mi casa, los gatos ahora superan a los perros cinco a uno. Estoy rodeada de toallas de cocina, cuadernos, camisetas, figuritas y todo tipo de adornos con temática felina—todos regalos bien intencionados y un recordatorio constante de que no importa lo que diga, nunca lograré convencer ni siquiera a mis amigos y familiares más cercanos de que no estoy obsesionada con los gatos.
"¿Es usted la señora de los gatos?"
Sí, supongo que esa soy yo.
