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dos perros en una antigua granja
Perros en una antigua granja de carne de perro en Yongin, Corea del Sur, en 2021. Fotografía de Jean Chung/Humane World for Animals

This article was originally published in English.

Las personas que trabajan en refugios y organizaciones de rescate saben que los perros traumatizados tienen más probabilidades de ladrar excesivamente, mostrar miedo durante los paseos, reaccionar de manera extrema ante los ruidos y mostrar conductas de protección de comida o juguetes, así como un comportamiento de constante búsqueda de atención. En el pasado, los perros que exhibían estos comportamientos podían tener dificultades para encontrar un hogar o incluso ser sometidos a eutanasia.

Hoy en día, los expertos saben que, al reconocer y abordar el trauma y el miedo que los animales pueden traer consigo al llegar a los refugios (ya sea por factores genéticos, estrés durante la gestación, la separación temprana de sus madres o un entorno estresante, como vivir en una granja de carne de perro, en un criadero o una situación de abuso) podemos salvar sus vidas.

En esta entrevista editada en formato de preguntas y respuestas, Audra Houghton de Humane World for Animals, directora de operaciones del Equipo de Rescate Animal, y la Dra. Sheila Segurson, directora de investigación de Maddie's Fund, hablan sobre la filosofía de atención basada en la comprensión del trauma y el enfoque libre de miedo, que pone esa filosofía en práctica: permite al personal del refugio tratar a los animales traumatizados de una manera que, con el tiempo, les ayuda a salir de un estado constante de lucha o huida. (Para obtener más información, consulte los materiales descargables disponibles de su presentación en la Exposición de Cuidado de Animales en abril).

Nos han enseñado a creer que los animales necesitan repetición para aprender, pero algo que les da miedo, no necesitan repetirlo para aprender de esa experiencia; si uno toca una estufa caliente, no necesita hacerlo de nuevo.

una mujer con un perro y un niño
La Dra. Sheila Segurson, directora de investigación de Maddie's Fund, con su hijo y su perro. Fotografía cortesía de Sheila Segurson

¿Cómo describiría el enfoque informado por el trauma?

Segurson: Es, en realidad, una base para nuestra forma de pensar: reconocer que estos animales han vivido algo. El impacto del trauma es impredecible. Un animal con un pasado traumático podría tener una respuesta mucho más exagerada ante ciertos estímulos. Por ejemplo, había un perro que venía de una situación de peleas de perros que había sido mantenido en un sótano oscuro. No sé qué le hicieron con el agua, pero cada vez que se exponía al agua, huía y se escondía. Se trata de ir uniendo las piezas y ayudar al animal a sentirse seguro.

Houghton: Sabemos que algo sucedió, pero no necesariamente necesitamos saber qué fue. Se trata de mirar al individuo en lugar de a la manada y evaluar cómo ese perro se enfrenta a su entorno. No sabemos cómo va a responder cada uno, incluso cuando sabemos que llegó a nosotros después de haber vivido una experiencia traumática. Algunos de estos perros no quieren tener ningún contacto con la gente. [Con los perros rescatados de granjas de carne de perro en Corea], a veces es casi como trabajar con animales silvestres en cautiverio. No quieren que los toquemos, entonces no los tocamos. Todos tenemos ese deseo de consolar al animal, pero observamos con atención y nos preguntamos qué quiere ese perro en particular. ¿Qué nos pide que hagamos o no, según su lenguaje corporal y su respuesta a nuestra presencia? Puede tomar mucho tiempo construir suficiente confianza para compartir el espacio y tener contacto físico con ellos, y hasta que eso ocurra, es importante que no los presionemos más allá de su umbral ni ponerlos en una situación que pueda hacer que reaccionen a la defensiva. Ellos se están comunicando con nosotros y nos corresponde a nosotros escuchar.

¿Qué puede traumatizar a un perro?

Segurson: El comercio de carne de perro es un ejemplo extremo. Un caso de acumulación de animales también es un ejemplo extremo. Para muchísimos perros, el simple hecho de ingresar a un refugio puede ser un evento traumático. Para un perro que nunca ha vivido en un hogar, una casa puede resultar traumatizante. Es muy fácil volver a traumatizar a estos perros. Hay que partir de aquello a lo que el perro está acostumbrado y exponerlo poco a poco a algo diferente.

Houghton: Por lo general, nos sentimos ansiosos ante cosas que no conocemos, y a los perros les pasa lo mismo. Normalmente están aterrorizados en el ambiente del refugio. No saben qué esperar. No conocen a nadie. Están experimentando olores extraños. Muchos de estos animales no tienen la capacidad de confiar en nosotros de inmediato. [Si no tenemos cuidado], empiezan a asociar interacciones con personas con dolor o miedo, simplemente porque estamos realizando actividades de cuidado normales como vacunar, cortar las uñas o limpiar su perrera.

Usted trabajó con un perro llamado River en el centro de atención y rehabilitación del Equipo de Rescate Animal que había sido rescatado de una granja de carne de perro en Corea del Sur. Tenía una deformidad que hacía que sus pies colapsaran y se aplanaran. ¿Cómo utilizaron la filosofía basada en el trauma y el enfoque libre de miedo para ayudarlo cuando estaban tratando de enseñarle a caminar con correa?

Houghton: Reconocimos que River llegaba a cierto punto en el que ya no podía más y empezaba a alterarse emocionalmente. Estábamos cronometrando el tiempo casi al segundo: y era un poco menos de cinco minutos y él comenzaba a reaccionar. Desde afuera, uno podría asumir que se estaba “portando mal”, tiraba de la correa, saltaba sobre la persona que lo estaba manejando y usaba mucho movimiento del hocico, mostrando frustración. Pero nos preocupaba que tal vez su deformidad le estuviera causando dolor. En su examen inicial no parecía tener dolor, podía caminar normalmente y no cojeaba, pero cuando reconocimos el patrón y consultamos con nuestra veterinaria especialista en comportamiento, ella recomendó más pruebas diagnósticas y coincidió en que parecía que estaba llegando a un límite en el que empezaba a sentir dolor o anticipaba que iba a sentirlo. Lo que necesitaba era que bajáramos el ritmo, abordáramos sus problemas médicos y escucháramos cuando nos estaba diciendo que algo no estaba bien.

Limitamos el tiempo con correa y le dimos antiinflamatorios, lo que lo hizo sentirse mucho más cómodo, y en cuestión de semanas era como un perro nuevo. Apenas unos años atrás, es muy probable que hubiera sido sometido a eutanasia porque pesaba alrededor de 100 libras y su comportamiento representaba un riesgo para sus cuidadores.

una persona realizando una evaluación de comportamiento a un perro en una perrera
En el centro de atención y rehabilitación de Humane World for Animals, Katie DeMent, gerente principal de cuidado de animales del Equipo de Rescate Animal, realiza un examen de comportamiento en Patches, un perro rescatado de una situación de crueldad. Fotografía de Meredith Lee/Humane World for Animals

¿En qué se diferencia esto de lo que se hacía antes?

Houghton: El enfoque anterior era: “Vale la pena que el animal pase por una incomodidad temporal, si el resultado final es que sea adoptado”. [Pero] a veces ese malestar momentáneo no vale la pena. Estamos acostumbrados a decir: "Este perro necesita un baño" o "Hay que cortarle las uñas". Ahora decimos: “Es importante que se sienta seguro y pueda crear vínculos con las personas” y “Su bienestar emocional es tan importante como su bienestar físico”. Nos han enseñado a pensar que los animales necesitan repetición para aprender, pero cuando algo les da miedo, no necesitan repetición para que aprender de esa experiencia; si uno toca una estufa caliente, no necesita hacerlo de nuevo.

En lugar de decir: "Necesito hacerte esto", [nos] preguntamos: "¿Qué necesitas de nosotros?" Intentamos escuchar lo que nos dicen los animales y reconocer que lo que estamos haciendo, aunque parezca una actividad inofensiva, puede resultar aterrador y traumático para ellos. Tenemos una regla de cinco segundos cuando los manipulamos para realizar exámenes o tratamientos.

Si es absolutamente necesario manipularlos para recibir tratamiento, por ejemplo en casos de crueldad animal en los que necesitamos recopilar evidencia y realizar exámenes, y el animal empieza a resistirse o a angustiarse, intentamos calmarlo durante no más de 5 segundos antes de hacer una pausa. Si lo intentamos de nuevo y seguimos observando altos niveles de miedo o estrés, lo dejamos para más tarde o realizamos el examen con sedación. Los animales siempre están tratando de comunicarse con nosotros. Si no escuchamos lo que nos están comunicando, pueden sentir que no tienen otra opción más que morder, y esa interacción puede tener consecuencias duraderas para su salud conductual y emocional en general.

una mujer está sentada en una jaula con dos cachorros de beagle
Audra Houghton, directora de operaciones del Equipo de Rescate Animal, sostiene cachorros del primer grupo de 201 beagles retirados de las instalaciones de Envigo RMS LLC. Fotografía de Meredith Lee/Humane World for Animals

¿Cómo saben que han tenido éxito?

Houghton: Cuando comencé [en este campo], pensé: “Los perros ladran. A veces están felices o emocionados, eso es normal”. [Pero] el ladrido es una forma de comunicación. Cuando ladran, nos están diciendo algo así que debemos investigar eso y tratar de identificar cuál es el problema. A veces el silencio también es comunicación y lo abordamos de la misma manera. Nos preguntamos "¿Qué nos dice su lenguaje corporal?" y respondemos de acuerdo con eso. Entonces, para identificar cuándo nuestro enfoque está funcionando, buscamos señales como un lenguaje corporal relajado, interés en actividades normales como enriquecimiento con comida y juguetes, interacción con otros perros o con personas y un sueño profundo y reparador. Entre muchos otros factores, sabemos que estamos en el camino correcto si empiezan a mostrar curiosidad e interés por los demás y cuando duermen cómodamente.

About the Author

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Karen Lange is a senior writer at Humane World for Animals. She writes for All Animals magazine, HumanePro and humanesociety.org. She started her career as a daily newspaper reporter and then worked as a staff writer at National Geographic magazine, where she wrote about natural history and conservation, including stories on dog evolution and protecting African elephants. She lives in Maryland with her husband, their two young adult children (when they’re home) and Pepper the cat. She greatly enjoys all the dogs in the neighborhood.

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